15 de enero de 2020

Miércoles 15 de enero de 2020

Creo que estoy en busca de una experiencia trascendental. Para algunos esto significa viajes a la India, vestirse con ropas de colores, comer picante y llevar ofrendas a dioses de muchas manos. Para algunos, la inmersión en esta experiencia radical es necesaria para abrir la mente y el espíritu. Para mí es el análogo de condimentar en exceso las comidas para hacerlas sabrosas, o estallar el volumen de los hits musicales para vender más entradas a un concierto. Estas cosas prescinden de la sutileza. Y yo quiero algo más sutil.

Cualquier otra cultura, al fin y al cabo, es «otra» cultura; cualquier viaje (incluso apenas más allá de las fronteras habituales) abre la mente y el espíritu si uno está verdaderamente dispuesto. Y yo estoy dispuesto.

Pero todavía más.

En De qué hablo cuando hablo de correr Murakami describe la experiencia de haber corrido una ultramaratón en los términos trascendentales que a mí me entusiasman. Dice que los últimos 15 o 20 kilómetros de los 100 que corrió se le plantaron con la espesura de lo metafísico. Su cuerpo se borraba, las impresiones sensoriales desaparecían. Era solamente una conciencia transitando un sendero interminable después de 10 horas continuas de carrera. Será que ante semejante esfuerzo, palidecía todo lo otro: las obligaciones, las preocupaciones, los problemas cotidianos, los recuerdos dolorosos, las inseguridades, y el temor a la incertidumbre, siempre vecina del futuro. Sólo una conciencia, sólo el camino, sólo el paisaje y el viento y una aletargada extenuación que se desvanecía.

Supongo que en este contexto todo cobra perspectiva. La experiencia trascendental que busco es una experiencia de perspectiva. Salir de los límites invisibles de la cárcel diaria. La cárcel no es el trabajo, no son las obligaciones, no son lo que tradicionalmente asociaríamos con lo que limita nuestra libertad. Es incluso el mismo modo en que definimos qué es nuestra propia libertad. Los márgenes de nuestro pensamiento; los límites de la cárcel son los límites de lo pensable y de lo sensible a fuerza de costumbre.

Creo que quiero —quiero— una experiencia trascendental.

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