28 de octubre de 2018

Villa Ocampo II

La imagen puede contener: personas sentadas, tabla e interior

El tiempo parecía haberse detenido en la casa desde mucho antes de la muerte de su dueña. Esta sala, como tantas otras, parecía suspendida en una siesta de verano.

Unas leyes claras y una burocracia infinita protegen la casa. Obrar cualquier tipo de transformación en ella o su patrimonio, e incluso venderla, está prohibido. Todo hace suponer que ahí seguirá durante muchos años.

Quizá, hasta después de que la historia humana se aleje del tiempo, como una conversación pasajera, hasta caducar en un murmullo lejano.

¿Abrirán entonces algún espíritu errante, o una fiera silvestre, una puerta cerrada hace mucho, para descubrir esta misma escena, tantas veces repetida; la ceremonia del sol entrando como si fuera la primera vez a esta sala, iluminándolo todo con una extraña inocencia?

27 de octubre de 2018

Villa Ocampo I

La imagen puede contener: árbol, casa, cielo, césped, exterior y naturaleza

En Villa Ocampo hay un libro, y en el libro, hay una foto. Se ve de espaldas a una anciana Victoria Ocampo pasear por el jardín, junto a un dogo argentino, cuyo nombre y destino final se han perdido en la historia.

La imagen fue tomada en la explanada, y todo luce fantasmagóricamente igual que hace cuarenta años. El sol está en la misma inclinación, así que debe ser primavera. El día, como hoy, alterna entre sol y resolana, y la luz baja del cielo con la misma intensidad, haciendo centellear el mismo césped, tan recortado como entonces e igual de verde, bajo dos enormes árboles.

Pienso que hasta la perspectiva de la foto es la misma; quien la tomó, debió pararse en este mismo sendero de adoquines y piedras que rodea el frontispicio.

Quizá la mujer y el perro sigan ahí, caminando por los jardines, entre los patos salpicados por el agua que mana de una fuente infinita. Justo fuera de cuadro, donde nadie los puede ver.