3 de diciembre de 2019

Amor subterráneo


El chico se sentó en uno de los asientos plásticos del subte; la chica se quedó parada a su lado. Se enroscó en el caño anaranjado y se inclinó sobre él. Le acariciaba la cara, le besaba la frente, mientras él con su brazo rodeaba su cintura. Cuando ella bajaba la cabeza, el pelo llovía sobre la cara del chico, sumiéndolo en ese éxtasis de amor que es como el de los que descubren que se aman, o el de los que han dormido y despertado juntos, o el de los que se amaban profundamente desde siempre y no lo supieron hasta que se encontraron. Con las manos se buscaban; con las manos se hallaban todo el tiempo. Y aunque yo estaba sentado justo enfrente, era como si para ellos el mundo entero hubiera desaparecido a su alrededor.