Este momento -el del atardecer largo, suspendido en el aire-, parecía el último en que aparecerían las preguntas incómodas. Y como un viento al doblar la esquina, como toparse con algo nostálgico e inesperado en un cajón que se abre, llega; la voz pregunta: ¿qué estás haciendo con tu vida?
La sien late y siento un calor como de fiebre, y la respuesta es la de siempre, que estamos viendo. Entonces el viento sigue y las nubes púrpuras se parten en el cielo, como si el sol, caído tras el horizonte, las manoteara para llevárselas consigo a su noche misteriosa.

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