El sonido afuera nunca se apaga: en la avenida siempre hay alguien. Muchas personas desean esta fantasía de la ciudad que nunca duerme, pero quizá poco saben de lo que entraña en verdad. A toda hora, todo el día, zumba un auto o se aloca un colectivo; sus luces rojas se pierden a la distancia, más allá del entramado hollinado de la autopista, incapaz también de hacer silencio, inundada de sus luces blancas.
Los más de los días esta realidad no nos supera, y será con la que aprendimos a convivir. Otras veces desespera; desesperan los bocinazos frustrados del amanecer; desespera la algarabía de máquinas lejanas y misteriosas que se desperezan y revuelven y pican, golpean y rejuntan los escombros de la ciudad para volverlos a acomodar en otras posiciones, en nuevas formas, como el juego de un niño diabólico en la playa, a la orilla del mar. Sólo que aquí no hay mar, sino lejos, tras la arboleda y los edificios finos, un río turbio, ancho, y monótono que ni los pájaros miran.
Desesperan los borrachos felices que van de fiesta; desesperan los borrachos tristes que rompen la última botella; desesperan los carros fatigados de los cartoneros para quienes ahora la basura es un lujo; desesperan las pisadas del hombre solitario que hizo su choza de residuos en el baldío contiguo, entre la vegetación indómita; desesperan los faroles de los desahuciados en la madrugada, que las hendijas de las persianas perdonan y dejan bailar en el techo de la habitación; desesperan las sirenas verdes y desesperanzadas de los moribundos, las sirenas azules y titilantes donde pasea el malevaje desventurado; desespera el silencio que se hunde pasando el parque hacia la negrura del hospital; desespera el humo furioso que trepa desde el asfalto y acaricia las luces y los semáforos con abrazos renovados; desespera el polvo mugroso y viajero que tampoco duerme y como una sábana nos arropa a todos en la manzana; desespera el sol amarillo del crepúsculo, la lamida caliente y brillante de una mañana que nadie, nunca jamás, ha pedido en la noche desesperante del insomnio.

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