20 de abril de 2019

Sueño I

11 de diciembre de 2018

Soñé que estábamos de rehenes en casa, o que había gente mala viviendo con nosotros. Alfarez estaba ahí, y se supone que yo no debería estar, porque andaba a escondidas en nuestra propia habitación. Una mujer grande, pareja o cómplice (o ambas) del hombre que nos tenía presos entró al cuarto. De un modo u otro creo que nos sojuzgaba y yo sentía peligro. La mujer tenía una bandeja de comida y había un cuchillo. Se lo arrebaté y la apuñalé en el cuello, pero con mucho resquemor, entre impresionado y temeroso de lo que estaba haciendo. La mujer cayó muerta al pie de la cabecera de la cama.

Le propongo a Alfarez que mienta, que diga que yo no fui, y que si me escapo sin que me vea el hombre nadie va a saber que fui yo, y seguro nadie iba a pensar que fue ella. Todo esto lo urdía yo en mi pensamiento mientras le pedía el silencio y la complicidad.

En esas estábamos cuando entró el hombre; encendió la luz de la habitación con una tecla que en la vigilia no existe donde él la encontró, me vio a mí, en la cama, con Alfarez, hizo un comentario, y se estaba yendo cuando vio a la mujer degollada en el suelo. Me retó por eso.

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En muchos de mis sueños, cometo algún delito. Ataco a alguien o mato a una persona. Siempre me dañan, o pretenden hacerlo, o son malas personas, y será que por eso se lo merecen. En el ataque no hay saña ni morbo; a veces hay violencia, pero es como una violencia mediatizada, consciente de que no es tan violenta y de que no hay consecuencias graves: que es como en la tele, donde los muertos no se mueren realmente, y donde todo es un juego.

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