
Entre los textos que sí sobrevivieron a Zenón están algunas de sus paradojas. Una de las más provocativas es la de la piedra y el árbol. Según Zenón, una piedra que es arrojada hacia un árbol, antes de dar en el blanco, tiene que recorrer por lo menos la mitad de la distancia que separa al lanzador del objetivo, y antes de eso, la mitad de la mitad; y, antes aún, la mitad de esa mitad de la mitad… La paradoja es que la piedra nunca llegará al árbol, porque hay entre el tirador y aquél una distancia infinita, como los números que separan al cero del uno.
En un diálogo platónico perdura la idea de la muerte de Zenón. Está relacionada con su percepción del tiempo y retoma creencias tribales. El eleático la imagina, con herejía, sin Caronte ni Hades, y sin mística: morir es un caer perpetuo en la sombra, como tropezar en un aljibe sin fondo. No hay en la oscuridad percepciones, y sólo se convive con los recuerdos, que vuelven como sueños lúcidos en una madrugada cualquiera.
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