1 de julio de 2018

Miserias

La imagen puede contener: puente, cielo y exterior

Dos personas que tengo más bien la desgracia de conocer dijeron celebérrimamente que, puestos a elegir, preferirían ver a su equipo campeón de la Libertadores que a Argentina ganar el Mundial. Esto me pareció siempre el colmo de la miserabilidad, no por apátridas sino porque cultivaba ese sectarismo que sólo encuentra placer en gozar de la victoria contra otro diferente; en este caso, un compatriota casi necesariamente. Pero qué esperar de dos Gallinas.

Lo de hoy quizá entra en lo esperable de sus cálculos, y la derrota no les pasará factura de mayor desgracia. No será el caso para otra parte de la gente.

A mí, el devenir de los clubes me resulta indiferente y conforme pasa el tiempo creo que el Mundial me atrae por los recuerdos mágicos que evoca de mi niñez. Niñez como tantas otras, en la que todo es posible.

El que observa hoy verá que además de la derrota, se constata para tantos jugadores el fin de su historia. Que no interese su ocupación. En su ámbito (el que fuere, quienes fueren), esto era lo máximo. Ya no lo será más. Mascherano dijo que estuvieron cerca. Las palabras lagrimosas nuevamente parecieron acariciar la Copa, pero apenas si revolvieron su sombra.

Somos testigos del momento excepcional en que los sueños de alguien dan el último suspiro. Hoy la niebla no sólo viene al auxilio de las metáforas empobrecidas de la noche triste, sino también a envolver esas esperanzas que, aunque estén a dos pasos de distancia, no se pueden ver.

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