20 de julio de 2018

En las últimas


Apenas subieron al colectivo el nene con su mamá, la señora del asiento contiguo se volteó para mirarlo. Nada especial había en él merecedor de toda esa atención, salvo el desparpajo pintoresco con que se conducía, y los destellos ocasionales de algarabía que revelaban a los demás su conciencia de saberse una versión todavía imperfecta y esquiva de los adultos que lo rodeaban.

Entonces se me ocurrió que la mujer lo observaba en tanto que una entidad trascendental, sin tiempo, como si fuera la Madurez volviéndose sobre la Juventud. Y entonces pienso que a lo mejor todos los viejos miran así a todos los jóvenes alguna vez. ¿Los atravesarán pensamientos de arrepentimiento por aquello que alguna vez estuvieron en condición de ser, pero nunca fueron? ¿La nostalgia de haber sido? ¿La tristeza por el agotamiento de las posibilidades del Ser? ¿Qué sensaciones nos atravesarán a nosotros llegado el momento, si es que llega?

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