31 de mayo de 2019
Posdatas
Los muertos que se saben muertos en vida, hacen planes que los vivos —que nunca piensan que serán muertos— encuentran impensables o funestos, con la pesadumbre del mal augurio. Los muertos que se saben muertos entienden que los malos augurios no afectan el decurso de la muerte segura, que perciben ya ingresar a su patria como ese malo del western que llega al pueblo polvoriento para batirse a duelo con el héroe o con el sheriff, y que a diferencia del western saldrá victorioso. Los vivos quieren desterrar de la imaginación de los próximos a morir estas cavilaciones, que tocan el arcano de la muerte hasta lo intolerable, creyendo que así les prolongan la vida; pero los moribundos les abren el pecho ofreciendo un abrazo cálido de reencuentro impostergable, lejano del morbo y de la obsesión.
La ocurrencia de un accidente me volcó a estos pensamientos. Quedé intacto, pero lo mismo podría haber terminado todo ahí, en el asfalto solitario, la bicicleta por allá y yo por acá, como sucedió, pero enhebrando desde mi lecho de pavimento la retahíla de coincidencias que me condujeron a este final sorpresa mientras me abrazaban la noche y lo negro.
Llegados a casa, hace dos o tres años, encontramos en los muebles y los rincones unas cartas de mi tía: palabras que escribió y que nunca dijo; cartas que pensó y no entregó, o que entregó y le devolvieron. Hoy me resultan misteriosas, más aún porque las facetas mostradas en ellas las mantuvo secretas (con abrumador éxito).
Me pregunté qué dirán las cosas de nosotros llegado el tiempo que alguien las deba recoger cuando ya no estemos. El tránsito por esta vida no es más que un baile en la hojarasca: venimos, saltamos, revolvemos las hojas secas del otoño, como las que ahora se abultan en la vereda, regidas por leyes misteriosas, y nos vamos por otro extremo sin dar mayores explicaciones de cómo este desorden ni por qué. Y luego alguien viene y con decoro y prurito lo ordena hasta que otros vienen y la vida sigue su andar. ¿Qué dirán nuestros cuadernos? ¿Qué entreverán en nuestras fotos? ¿Qué discernirán en los sueños que no concretamos? ¿Qué imagen se figurarán de este baile imprevisto que hemos dado en su buena compañía?

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