
La imagen fue tomada en la explanada, y todo luce fantasmagóricamente igual que hace cuarenta años. El sol está en la misma inclinación, así que debe ser primavera. El día, como hoy, alterna entre sol y resolana, y la luz baja del cielo con la misma intensidad, haciendo centellear el mismo césped, tan recortado como entonces e igual de verde, bajo dos enormes árboles.
Pienso que hasta la perspectiva de la foto es la misma; quien la tomó, debió pararse en este mismo sendero de adoquines y piedras que rodea el frontispicio.
Quizá la mujer y el perro sigan ahí, caminando por los jardines, entre los patos salpicados por el agua que mana de una fuente infinita. Justo fuera de cuadro, donde nadie los puede ver.
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